La figura de la flâneuse

El flâneur nació en el París del siglo XIX. Su hábitat natural eran los bulevares y las galerías de la nueva ciudad rediseñada de Haussmann. “La multitud es su elemento, como el aire para los pájaros y el agua para los peces” escribió Charles Baudelaire, el afamado poeta, ensayista y crítico de arte, famoso por su descripción de  lo efímero de la vida en la metrópolis moderna. El flâneur es un hombre con medios y tiempo libre; uno de acción (camina y observa) pero que no se implica. Está distanciado de la multitud en vez de ser un participante: “una ostra central de agudeza, un ojo enorme”, escribe Virginia Woolf en su ensayo de 1927 Vagando por las calles. Pero la descripción de Woolf está basada en sus propias deambulaciones por Londes, y si algo aprendimos de Baudeleaire, es que la flâneuse no existe. Las mujeres no tenían acceso a las calles de la ciudad que sus contrapartes masculinas daban por sentado, reducidas en su lugar a meros objetos sobre los que el flâneur podía posar su mirada y deleitarse. Desde El hombre de la Multidud de Edgar Allan Poe, pasando por los psicogeógrafos de hoy día, las calles de la ciudad permanecen como un lugar de privilegios masculinos, “Como si el pene fuera un apéndice necesario para caminar, como un bastón” añade Lauren Elkin irónicamente.

La flâneuse se caracteriza por una subversividad juguetona. Imagino a Elkin como una intrépida grafitera feminista, garabateando “Una mujer estuvo aquí” en cada muro por el que pasa. Deliciosamente afilada e insurrecta, lleva a sus lectores a través un rico, inteligente y animado deambular a través de la historia cultural, la biografía, la crítica literaria, la topografía urbana y las memorias, argumentando que la flâneuse es cualquier “persona decidida y llena de recursos adaptada al potencial creativo de la Ciudad, y las posibilidades liberadoras de un buen paseo”.

Elkin no es la primera en desafiar el status quo (las investigadoras feministas han debatido durante mucho tiempo la existencia de la flâneuse, y Rebecca Solnit ya cubrió parte del campo de estudio de Elkin en Wanderlust: Una historia del caminar. Pero su llamada a “redefinir el concepto mismo”, en lugar de simplemente intentar meter a presión la experiencia femenina en el molde masculino, es eficaz y esclarecedora. “Podemos hablar de las costumbres sociales y las restricciones”, dice con una claridad similar, pero “no podemos descartar el hecho de que las mujeres estuvieran allí”.

Tenemos a Woolf en Bloomsbury, por supuesto, saliendo bajo el disfraz de ir comprar un lápiz; Y Sophie Calle, la artista se convirtió en flâneuse como acosadora que perseguía su presa junto a los canales venecianos. Luego está París, donde George Sand cambió sus faldas engorrosas y su delicado calzado por un traje de tela gris y botas con “tacones de hierro” para acceder a las libertades de los adoquines; Donde Jean Rhys, como sus protagonistas disolutos y desposeídos, frecuentaba los cafés de la ribera izquierda y donde vivió y trabajó Agnès Varda, en cuyas películas las mujeres son las que observan y las observadas.

Elkin ha cartografiado su propia identidad en las calles de cada ciudad en la que ha vivido. Encontró sus pies como una estudiante caminando por las calles rectas de Manhattan (había crecido en los suburbios de Long Island, donde conducir era la norma), pero la pasión sólo se apoderó de ella completamente cuando se mudó a París. Breves estancias en Londres, Venecia y Tokio le brindaron nuevas ciudades enteras para explorar, (¿Cómo funciona la “flânerie” en una ciudad que la gente no se mueve a pie?) junto con el descubrimiento de una hermandad de flâneuses de pies ligeros.

Sorprendentemente, Elkin no se limita a exponer sus argumentos para la reevaluación de su figura principal (la flâneuse); en última instancia hace que la “flânerie” parezca urgente y contemporánea. Desafío a cualquier persona a leer este estudio de celebración y que no se sienta inspirada después a tomar las calles de una manera u otra.

Traducción de:
Scholes, Lucy (25 Julio 2016). Flâneuse by Lauren Elkin review – wandering women.
Recuperado de www.theguardian.com

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: